El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (EU AI Act) ha entrado en plena vigencia en julio de 2026, marcando un hito histórico en la regulación de esta tecnología a nivel mundial. Las empresas que operan en la Unión Europea deben adaptarse a nuevas obligaciones que afectan al desarrollo, despliegue y uso de sistemas de IA.
Los sistemas de IA de alto riesgo, bajo la lupa
La ley clasifica los sistemas de IA según su nivel de riesgo. Los considerados «alto riesgo» —como los usados en contratación laboral, crédito bancario, educación o acceso a servicios esenciales— deben superar auditorías previas al despliegue, mantener registros de transparencia y garantizar supervisión humana. Las empresas que incumplan se enfrentan a multas de hasta 35 millones de euros o el 7% de su facturación global.
Modelos de propósito general: nuevas obligaciones
Los modelos de IA de propósito general como GPT-4o, Claude o Gemini quedan sujetos a requisitos de transparencia sobre los datos de entrenamiento utilizados y las capacidades del sistema. Los modelos con más de 10^25 FLOPs de capacidad computacional se consideran «de impacto sistémico» y requieren notificación previa a la Comisión Europea antes de su lanzamiento.
Lo que cambia para los usuarios
A partir de ahora, cualquier contenido generado por IA —texto, imágenes, audio o vídeo— debe estar claramente identificado como tal cuando pueda inducir a confusión. Los sistemas de reconocimiento facial en espacios públicos quedan prohibidos salvo excepciones muy limitadas relacionadas con seguridad nacional. Los usuarios tienen derecho a recibir explicaciones comprensibles sobre decisiones automatizadas que les afecten.
Oportunidades para las empresas europeas
Más allá de las obligaciones, muchos expertos ven en la regulación una oportunidad para que las empresas europeas de IA se diferencien en el mercado global ofreciendo sistemas más transparentes, seguros y auditables. El «sello de conformidad EU AI Act» podría convertirse en una ventaja competitiva, especialmente en mercados donde la confianza en la IA es un factor decisivo.
España, como uno de los países más activos en la implementación de la regulación, ha creado la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA), con sede en A Coruña, como organismo encargado de velar por el cumplimiento de la normativa en territorio nacional.